sábado, 26 de mayo de 2018

Micropoema #19

Nos quedaron las croquetas blandas
y terminamos mezclando su sabor
(¡Qué locura de día!)
con besos y retozos.
Hoy ya, apenas puedo probarlas;
la bechamel sólo me sabe a melancolía.


miércoles, 23 de mayo de 2018

Entre cajas

Después del ruido
es difícil creer que entre los telares
hubo huesos y vaho de alegría.
Entiendo el trabajo que cuesta
imaginar que mi alma tuvo
el verde de tu mirada
y que fue inmortal.
O que celebrásemos saturnales
detenidos en la materia
de un viaje que suponíamos sin retorno.
Pero todo acabó
y hay que aprender a vivir
sin el brillo del falso papel
y de las máscaras.
Asumir que el delirio duró
apenas un segundo más que el deseo.


martes, 22 de mayo de 2018

Micropoema #17

Enseñarte mi última canción, tomar café,
hacerte un arroz, ver aquella película que
no prometimos, dormir hasta el amanecer.
O podernos amar en el centro de la plaza
sin que a nadie le importase.


domingo, 13 de mayo de 2018

La tarde obliga

Mira qué fracaso,
mira qué desastre
acabar de nuevo dudando...
dudando en la tarde.
-L.E. Aute-


La tarde obliga,
quizá porque la tormenta amenaza
y sólo nos queda el consuelo
de un juego de mesa familiar,
a refugiarme en la parte de atrás
de los párpados
a mirar sin ver
                            (Yago de mi imaginación)
los lugares comunes infectados
de envidia.
A estar lejos del epicentro
de mi vida.
A preguntarme qué sentiras
cuando vuelvas a la misma lluvia
que nos ahogó juntos
aquella tarde.



Último Ave

Viniste;
entre los humos de la estación
aparecías,
y descosías las dos mitades
de mi corazón
ya desincronizado.
Dormiste
apenas un segundo entre mis brazos
y hacías que los latidos
no se hablasen el uno al otro
por miedo a amanecerse.
Te dije
-¡has venido!-
mirando tu carita entre mis manos,
rendidos de la noche
y hambrientos de perdernos.
Te fuiste;
y hace tantos ayeres
que ahora no vale apenas nada
recorrer las mismas avenidas
que ya están vacías
de despedidas.

Micropoema #1

Qué difícil
escribir el último verso,
decir el último adiós
y dar el último beso.

sábado, 12 de mayo de 2018

Dile

Tu que viajas
dile cuando la veas
que me arrogué el derecho a sentir
su ausencia sin tenerlo.
Que me vencía más el deseo
de abrazar el vacío que ha dejado
su pelo alborotado después del ruido,
que el silencio prudente
                                       necesario.


Enamodiado

Hubo días
que despreciábamos el mundo,
sus supuestas maravillas, la gente,
su voz y su compañía.
Días en que daban igual
los principios y los finales,
que, extasiados en un beso
en el centro del ágora,
ignorábamos los rugidos,
el estruendo y los castigos.
Ahora, al final de todo,
busco en las caras que obviábamos,
cualquier gesto que me lleve otra vez
a ti.
Hay días
que me sonríen condescendientes,
otros sólo me devuelven
misantropía.

lunes, 7 de mayo de 2018

¡Oh, cielos! (de Madrid)

"¿Te has parado alguna vez a ver 
Los colores que estallan en Madrid 
Cuando al salir del metro en una tarde otoñal 
el sol se va?

Son los colores que me hacen sentir bien..." 
-Topo, Colores-


Desde muy joven, creo que desde las primeras escapadas de clase que hacía del Instituto San Isidro, donde estudié bachillerato, me he sentido absolutamente fascinado, enamorado, de los cielos de Madrid.
Esos atardeceres otoñales y primaverales (las estaciones más cortas de esta ciudad) suelen ofrecer un espectáculo inigualable. Supongo que este carácter mío, un pelín taciturno, también ha influido en mi gusto por los pasos a esa hora mágica, como me gusta pensar que es.
También creo que es una forma de poesía, que toma cuerpo en la luz y se derrama sobre la calle Bailén, la Plaza de la Armería, el viaducto de la Calle Segovía, la Cuesta de la Vega, el mirador de la Montaña del Principe Pío, el Campo del Moro, Madrid Río, y tantos rincones del viejo Madrid, donde el sol juega a esconderse entre callejas y edificios.
Estos días está siendo especialmente hermoso. Todo un regalo con una punzadita de nostalgia para los aprendices de poeta, o simplemente un momento para admirar nuestro entorno.

 
















sábado, 5 de mayo de 2018

Olvidemonio (Disperso VI)

soñé con la casa abandonada de mi madre
abandonada
por el amor y por la vida
                                          siempre llegaba tarde
una ruina azul llena de escombros
azules
azules de tristezas y de olvidos
caras conocidas entre nadies con pasados
agridulces
saludándose al llegar
desgranan anécdotas de una vida
desgastada

busqué mi corazón, mi corazón verde
entre las partes desahuciadas
verde de no encontrarte entre los restos
naufragio urbano que es el rastro
perdido de tu aliento
tu olvido
               verde
                          moho de los muros
abatidos de la infancia y del camino
rumbo al centro de la nada
negra
como traiciones cotidianas
espantadas

soñé esa hora intempestiva de manecillas
doblegadas
por segundos y minutos eternales
ya lo sabes
nunca acaba ese momento de mirada
fugaz
que se extiende más allá de estos colores
rubor de tu risa
y clavo de mi herida
malva
herida malva de tu gato
                                      una bota en su cabeza
moribundo
y demente que me escruta

soñé con el puente de las riveras cercanas
lejos
cada vez más estrecho y ardiente
ya casi una hoguera de sentidos
urgentes
tiempo de despertar que llega