domingo, 24 de mayo de 2020

Viejo Doc



Al principio de los ensayos de la nueva producción de West Side Story de 2018 fantaseaba con Federico Barrios, director de escena y coreógrafo, con la idea de que Doc, el veterano dueño del drugstore donde Jets y Sharks hacían sus consejos de guerra, era en verdad el señor Schultz, que había escapado de lo nazis en aquellos primeros años treinta que también pusimos juntos en pie en Cabaret. Obviamente era imposible, por una mera cuenta de años, pero el juego nos ayudaba a crear detalles y facetas de fondo del personaje que, aunque no trasciendan al público, son tan importantes para darle credibilidad. Y para trabajo serio basta recordar el taller que hicimos, antes de los ensayos propiamente dichos, sobre Romeo y Julieta, y la relación de los personajes de ámbas obras.
Es curioso, porque después de un buen montón de años era la primera vez que me ofrecían un rol que no tenía parte cantada. Y fue una feliz coincidencia cuando después del proceso de audiciones me llamó en persona Juanjo Rivero, productor de la obra, para ofrecerme la pequeña pero intensa parte de Doc, que sólo tenía texto, porque hacía muy poco tiempo que había decidido centrar más esfuerzos en la parte dramática de la profesión que en la musical. Aunque la música no la abandone nunca, eso no ocurrirá.
Así que acepté encantado y me embarqué en esta estupenda producción de un maravilloso clásico como éste de Leonard Bernstein. Aunque no dejé de soñar con que cantaba Something´s comming o Maria, si la edad y la belleza me lo hubieran permitido... cada día cumplía una pequeña parte de ese sueño participando en los números corales de la obra, que ya de por si es una experiencia muy gratificante. Algo como Tonight quintet, es una gozada de cantar.
Pero estoy hablando de actuar y cantar en un espectáculo musical en el que si hay un protagonista es el baile. Cada día he visto ensayar, calentar, bailar y agotarse a unos compañeros jóvenes y, a pesar de ello, muy experimentados, profesionales que han dado mucho más de lo que se les podía pedir y que han dejado un listón dificilísimo de igualar tanto a nivel físico, como vocal y escénico. 
Y el viejo Doc ha sido espectador privilegiado en el local donde veníais a refrescaros metaforicamente o cuando, entre escenas, os observaba entre cajas envidiando vuestra juventud, vuestra disciplina y vuestra hermosura. 
Esta maldita epidemia ha impedido que nos despidiésemos como merecía de nuestra producción, de nuestro trabajo y de nosotros mismos, y desde aquel fugaz día en Cádiz, tengo la sensación de una pausa inexplicada, de que nos han robado algo, de que estamos rotando demasiado tiempo seguido...
Pero nos encontraremos, estoy seguro; en otras pieles, en otras ciudades, incluso en otros mundos, porque los escenarios nos esperan y muy pronto Doc, o cualquier otro os admirará como yo lo hago. 
Espero estar allí para recordároslo.
Y no creáis que me olvido de vosotros, luz, sonido, técnicos...
Un abrazo desde el fondo de mi corazón.


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